Los pequeños y medianos productores agrícolas de la provincia están formando parte de la transformación del futuro del cacao provincial con sus valiosas donaciones de mazorcas de cacao nacional para el innovador Ecoinvernadero de la Prefectura de Los Ríos, ubicado en el Campus La María de la Universidad Técnica Estatal de Quevedo (UTEQ), en el cantón Mocache.
Este aporte del sector productivo nutre un proyecto que es de enorme beneficio para la producción cacaotera. "Cada mazorca donada representa no solo semillas, sino el compromiso de nuestros agricultores con la evolución del sector", explica el prefecto Johnny Terán. Técnicos y estudiantes trabajan de manera conjunta en este espacio de 2 000 metros cuadrados que impulsa la producción cacaotera provincial.
Las mazorcas aportadas por las asociaciones rurales pasan por una meticulosa evaluación de calidad en manos de especialistas de la Dirección de Gestión Agropecuaria. Una vez aprobadas, sus semillas inician su transformación dentro del Ecoinvernadero.
"La magia ocurre cuando estas semillas de variedad Nacional, tremendamente resistentes a plagas y condiciones adversas, se convierten en patrones robustos que luego reciben injertos de CCN51. Estamos hablando de material genético superior que potenciará la productividad de nuestros campos", enfatizó la autoridad provincial.
Este espacio integra tecnologías tales como un sistema de fertirriego automatizado que optimiza cada gota de agua y nutriente, alimentado enteramente por energía solar; ventanales que se abren y cierran automáticamente para mantener la temperatura y humedad ideales; y un diseño que maximiza la eficiencia energética. Todo esto, fruto de una inversión pensada para que cada una de las 100 000 plantas anuales proyectadas llegue en condiciones óptimas a manos de los agricultores, completamente gratis.
"Este no es simplemente un invernadero con certificación ecológica, es un centro de transformación social", reflexiona Eduardo Díaz Ocampo, exrector y actual vicerrector académico de la UTEQ.
Aquí, los estudiantes de las diversas carreras de la Facultad de Ciencias Agrarias realizan prácticas y los profesores desarrollan investigaciones de vanguardia, mientras que los representantes de las asociaciones campesinas aprenden técnicas de injerto que multiplicarán su producción.
"Cuando entregas una planta mejorada a un agricultor, no le estás dando solo un cultivo, le estás entregando cinco años de mayor productividad, resistencia a enfermedades y mejor calidad de grano", concluye Terán. Las cifras hablan por sí solas: 500 000 plantas en cinco años significan miles de hectáreas renovadas y una economía local fortalecida por la ciencia, la academia y la colaboración comunitaria.







